Una chilena recorriendo la National Gallery de Londres

julia room The national gallery londres

Ciertamente había una pena en mi corazón: se acercaba la fecha de regreso a mi país y The National Gallery seguía cerrada. Pero comenzando Julio dieron una gran noticia en su cuenta de Twitter: la reapertura se iniciaría el 8 de Julio. Así que ni tonta, ni perezosa, reservamos la visita para el 9 de Julio. Aquí les dejo la experiencia.

Una nueva dinámica que se extenderá entre todos los lugares culturales a medida que vayan abriendo, (al menos dentro del protocolo de Reino Unido) es la de reservar tickets o inscribirse en un horario determinado para asegurar la entrada a dicho lugar. Así fue en The National Gallery, y a pesar de lo reciente de su apertura, ya estábamos en un grupo, de integrantes equidistantes cada 2 mts, de unas 20 personas.

Fuentes de Sirenas, en Trafalgar Square, de fondo la fachada de The National Gallery

Prepárate para caminar

Fui a este hermoso museo en Marzo, el viernes anterior al inicio de la cuarentena. El Museo se divide en tres recorridos, cada uno de 20 minutos aproximadamente… sin detenerse. Aquella primera vez visité prácticamente el recorrido C, el cual contenía cuadros del 1500 as 1700 D.C. y la planta baja, con colecciones religiosas, bélicas y bodegones. Cuatro meses después visitamos los recorridos A y B, los cuales se extienden entre los años 1200 al 1930.

Caminar mucho y el dolor de talones es un gaje de visitar este Museo. A pesar que hay bancas cada tanto y casi nadie las usa, es innevitable el cansacio posterior. Así que ponte zapatos cómodos y prepárate para dedicarle fácilmente un día completo al recorrido. Si bien tendrás un horario de entrada, nadie te buscará para decirte que salgas a determinada hora.

Parte de las Pinturas religiosas del recorrido A

La Muestra

En The National Gallery encontrarás cuadros, pinturas y retablos. No hallarás dentro esculturas u objetos históricos -excepto unos ejemplares de objetos litúrgicos islámicos. Las pinturas están presentadas de distintas formas, sin una uniformidad artificial. Algunas conservan marcos que los propietarios privados o los lugares en los que estuvieron expuestas les dotaron, y en sí mismos están llenos de historia.

La virgen y el Niño con San juan y un ángel, Sandro Boticelli

Antes de visitarla no consulté exhaustivamente lo que podría encontrar en la muestra. En mi experiencia, la sorpresa resultó gratificante. Los cuadros más conocidos de los artistas más famosos están repartidos por todo el mundo de una manera asombrosa. Por ejemplo, en este museo se hallaba el famoso Jarrón amarillo con Girasoles de Vincent Van Gogh, pero resulta que se encuentra de tour por Japón y Australia en este preciso momento.

La silla, de Van Gogh, junto al letrero que informaba sobre el Tour de los girasoles.

Sin embargo, no sabía que en la muestra encontraría cuadros de Monet, Van Gogh, Pisarro, Seurat, Boticelli, Caravaggio (y mis favoritos), Velásquez, Vermeer, Turner, Da Vinci, Rubens, Rembrant… y de un montón de gente que ya olvidé de la historia del arte. Pero ahí estaban sus cuadros, que tantas veces vi en fotografías, estaban frente a mí y podía percibir su tamaño, el trabajo que se llevó el artista, y el paso del tiempo sobre ellos.

Un cuadro impresionantemente enorme, El nacimiento de Jesús (Guido Reni)

Lo que nos cuentan los cuadros

Creo que si pudiera ver cuadros como estos cada día, cada uno de esos días aprendería algo nuevo. Ver cuadros famosos en la vida real era tal como lo imaginaba. Recuerdo que había un cuadro que vi en un libro de Historia de Chile en la adolescencia, y años más tarde, en el Museo de Bellas Artes tuve la oportunidad de verlo en persona, “La carta” de Pedro Lira. Cuando lo vi en el libro para mí fue sólo una imagen. Cuando lo vi en persona me sorprendió el drapeado del vestido, cómo con pinceladas y colores habían logrado esa sensación de realismo en la ropa y la piel. Y su tamaño, completamente distinto a una simple y pequeña impresión en un libro de colegio.

La Madonna de Manchester, Michelangelo

Todo amante del arte debería poder vivir esta experiencia alguna vez. Sólo observando puedes notar características que no escapan a ningún ojo humano. Por ejemplo, que los artistas de los años 1500 al 1700, incluso un poco más, tenían una pulcra pincelada. Casi no se nota cómo hicieron para generar los degradados y los colores, el realismo. Puedes encontrarte además con pinturas en proceso, que te ayudan a visualizar su trabajo. Sin embargo, ya al encontrarte con los impresionistas puedes seguir la pasión detrás de sus pinceladas, la sensación que tuvieron los primeros espectadores de dichas pinturas, la confusión de entender si lo que vemos es una pintura acabada o una broma.

Aguas de inundación, Claude Montet
(este cuadro tiene sectores sin pintura, en las esquinas superiores)

Sin embargo, mi esposo me comentó, mientras veíamos el cuadro de los cipreses de Van Gogh, que ahora entendía un poco por qué le daban tanta atención a cuadros que vistos en una fotografía parecían no tener ninguna maestría especial. Al verlos así, de cerca, podíamos imaginarnos cómo el artista trazó un contorno, o cómo con pequeñas e infinitas pinceladas le dio aspecto de espigas al campo de trigo. ¿Cómo apreciar eso, si no podemos ver el relieve que deja la pincelada sobre la superficie?

Campo de Trigo con Cipreses, Vincent Van Gogh

Aprendizaje

Tras recorrer un poco, llegué a la conclusión de que los cuadros más fascinantes de la época dorada de la pintura, estaban llenos de movimiento. Siempre estaban ocurriendo cosas, los brazos se movían, las caras se expresaban, la ropa volaba por los aires y la luz iluminaba lo realmente relevante. Casi podía seguir el pensamiento del artista después de observar el cuadro un rato.

Silenus borracho sujetado por Sátiros, P.Paul Rubens

Por esta misma razón, por todo lo que se aprende sólo mirando, es que hay gente que lleva hasta sus propios banquitos para instalarse delante de alguna pintura y realiza estudios de anatomía o composición. Sentí admiración, por aquellos quienes detenían sus vidas unos momentos para darse ese tiempo. Mientras la juventud sólo pasaba con sus celulares para tomar una fotografía.

Antes de la cuarentena The National Gallery era además un lugar de encuentro, de aprendizaje para todo tipo de personas. La primera vez me encontré con la clase de dibujo de los viernes, frente a un cuadro. Hoy parecerá una aberración tanta gente reunida, pero no dudo que en un futuro no muy lejano se podrá volver a ver estas iniciativas tan generosas y gratuitas.

Un difícil momento para la cultura

La entrada a The National Gallery es completamente gratuita, y es una maravilla, debido a que su colección es enorme y de seguro su mantención también. Sin embargo algunos eventos son de pago o para ingreso de miembros, por ejemplo esta vez estaba Titian, un recorrido por cuadros de Tiziano, desde un punto de vista temático en particular. Ya con la exposición gratuita tendrás varios días para aprovechar, si tu quieres.

Pero si realmente valoras esta galería, y si tienes ganas de invertir dinero en ellos, hay mecanismos de donación a través de su página (que además te permitirían accesos privilegiados como miembros y eventos especiales) y también una excelente tienda al final del Tour con objetos hermosos y únicos, inspirados en pinturas que encontrarás en el interior de la Galería.

Espero que este brevísimo resumen de un hermoso y encantador lugar te haya gustado, y si pasas por Londres tómate unas dos a tres horas para pasar por él. Recuerda que tendrás que llevar tu mascarilla y reservar antes a través de esta página web.

cezanne natinal gallery
Aquí con el cuadro de las Bañistas de Cezanne olvidando quitarme la mascarilla

Hasta pronto!

One thought on “Una chilena recorriendo la National Gallery de Londres

  1. ¡que interesante! Gracias por el tiempo invertido en la redacción de esta experiencia. Fue muy grato leer cada detalle y me dieron muchas ganas de poder ir.

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